El Donqui de Guayos*

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el-donqui-1.jpg-dayamisA lo largo de la historia, los hombres han ubicado sus asentamientos poblacionales en las riberas de los ríos, los cuales han marcado su presencia en la imagen de la ciudad respectiva, convirtiéndose en inseparables; así tenemos los binomios Paris-Sena; Londres-Támesis; Moscú-Moscova e incontables ejemplos más. Dichas corrientes fluviales no son solo arterias de comunicación, fuente de agua para la higiene, consumo humano o la economía, sino que han dejado su impronta en la cultura, folklore, tradiciones populares, obras literarias, teatro y cine. Las artes plásticas, fuentes ornamentales, canciones y poemas, han tenido inspiración en los ríos.

Ahora bien, no solo las grandes corrientes fluviales constituyen objeto de veneración por los humanos. Recordemos como un pequeñísimo arroyo tunero sirvió de base al insigne Juan Cristóbal Nápoles Fajardo el Cucalembé para su más conocida obra Rumores del Hórmigo.

Los habitantes de Guayos, pequeño poblado en el centro del país, desde su fundación a mediados del siglo XIX se han servido de un arroyo a escasos 800 metros del centro del pueblo que ha sido denominado homónimamente.

De esta corriente fluvial, ha ido dejando su impronta, un recodo que la toponimia popular denominó Donqui, como españolización de la marca industrial de un tipo de bomba de agua que suministraba este líquido al Central “La Vega”.

El Donqui, especie de piscina natural de apreciables dimensiones, con buena profundidad, aguas limpias, un pequeño salto precedido por lajas donde se escurre esta: sirvió como lugar de esparcimiento a la inmensa mayoría de los guayenses y vecinos de los campos cercanos. Allí muchos aprendieron a bucear, otros a nadar, algunos simplemente flotaban en cámaras infladas de automóviles y algunos saborearon en sus casas las deliciosas biajacas, truchas o jicoteas que podían pescarse aguas arriba o abajo. Otros preferían descansar a la sombra de frondosas pomarrosas y guásimas y los había que aplacaban su sed en el límpido manantial que allí borboteaba.

El Donqui se convirtió en fuente inspiradora de poetas como Noelio Ramos, quien escribió unos versos sobre el mismo.
El pintor local René Pérez Sorí, plasmó la belleza de este lugar en un hermoso cuadro realizado en 1976.
Este pequeño tramo de unos 300 metros de longitud en los 5km. del arroyo Guayos es parte indisoluble de las costumbres, tradiciones, en fin de la cultura y la vida misma del humilde poblado espirituano, enclavado casi en sus márgenes.

*Tomado de Valoración preliminar de la cuenca de arroyo Guayos. Gabriel Cruz Toledo, Sutaina Sotomayor Ruiz y Adrián González Meneses, 2004