Gente sin nombre

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Algunos se llaman asesino.

Algunos se llaman asesino.

En nuestro país toda la actividad registral del estado civil de los cubanos es regulada por la Ley del Registro del Estado Civil, promulgada en 1985.

Dispone esta norma en su artículo 43 que “ninguna persona podrá ser inscripta con más de dos nombres”. Y continúa diciendo que “los padres o las personas interesadas escogerán libremente los nombres, pero en todo caso deben estar en correspondencia con el desarrollo educacional y cultural del pueblo y sus tradiciones”.

Efectivamente, por imperio de la letra, los homos lupinos, afortunadamente, solo pueden contar con dos nombres en sus asientos registrales pero… ¡qué nombres!

En cuanto a su correspondencia con el desarrollo educacional y cultural del pueblo y sus tradiciones, los nombres escogidos para sus hijos, más la tolerancia exhibida para su inscripción por las autoridades registrales civiles, devienen en afrentosa ignominia (originalmente este término significaba “sin nombre”) al postulado legal.

Someto a la ponderación de los lectores los siguientes nombres foráneos utilizados por vástagos de los homos lupinos cubensi.

Danger: nombre cuyo significado en español es peligro, de lo que se puede inferir que este homo, desde chico, fue muy peligroso.

Killer: peor aún, significa asesino pero supongo que tras abandonar el claustro materno, el neonato no haya tenido tiempo para acometer sus asesinatos; confiemos que ya como adulto, no haya honrado su apelativo (creo que los dos nombres anteriores bien pudieran llevarlos una pareja de jimaguas).

Lady: muy común este calificativo de dama o señora que, de tantas maneras corruptas, es frecuente escucharlo diariamente.

Rayko: conjeturo que los padres inventores de este patronímico, fanáticos del deporte de combates y de la lengua inglesa, lo compusieran de la siguiente manera: ray, rayo en inglés o apocopada la voz española, y el término anglosajón de knock out, golpe propinado que pone fuera de combate al adversario, de aquí que, este lupino ataque como un rayo y tumbe a la lona del cuadrilátero a su oponente. ¡Qué inventiva paterna! ¡Cuánta tolerancia registral!

Yessir: nombre creado a partir de la unión del sí afirmativo en inglés (yes) y el término señor (sir); pues, ¡Sí, señor!, nos encontramos ante un nombre de un homo caribeño.

En fin, abandono esta cuerda que parece que se remonta a la ocupación británica de San Cristóbal de La Habana, cuando fuerzas de la pérfida Albión se adueñaron por once meses, en 1762, de este pedazo de nuestro archipiélago, y que, quizá, pudiera servir de erróneo sustento a los que creen que “los padres o las personas interesadas escogerán libremente los nombres, pero en todo caso deben estar en correspondencia con el desarrollo educacional y cultural del pueblo y sus tradiciones”, según reza en precepto legal invocado.

¡Solo Pepe Antonio, el patriota de Guanabacoa, podría decirnos qué trascendencia cultural aportaron los ingleses a nuestro pueblo!

Tan pródiga es la imaginación popular a la hora de escoger nombres para sus descendientes que ahora solo acoto, sin detalles, la explosión de la letra “y” griega en los patronímicos cubanos: Yaidel, Yoandry, Yailey, Yordan (¿por quién, por Michael Jordan, el otrora famoso jugador de baloncesto norteamericano o por el bíblico río de Juan Bautista?), Yuniesqui, Yuniesky, Yolaidy, Yemney (remedo del personaje novelesco Jane Eyre), Yamilí, Yoandry y un montón más de nombres inventados que no vale la pena escribir.

Pero un padre lupino estableció un record de creación de nombres para un hijo suyo, a quien decidió poner por apelativo la conjunción de la afirmación española “sí” con sus correspondientes en ruso e inglés; es este: DAYESSÍ.

¡Tamaña abominación de nombre para un cubano!

¿Dónde están los nombres de Pedro, Juan, José, Antonio, Marcelo, Raúl, Jorge, Sancho, Miguel, Alberto, María, Juana, Josefa, Dolores, Isabel, Amalia, Dulce, Mariana y tantas decenas más, masculinos y femeninos, para nuestros compatriotas?

Creo que se extinguieron.

Finalmente, refresquemos con dos curiosidades sobre nombres.

Simón Bolívar y Pablo Picasso, tan conocidos en el mundo entero, en verdad tenían más nombres, los que te ofrezco a continuación.

El Libertador (1783-1830) se llamaba realmente Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios.

Por su parte, el famoso pintor (1881-1973) se llamaba Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso.

¡En ellos sí hay tradición!

Por: Arturo Manuel Arias Sánchez (Profesor de derecho)

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