Homo vacans, un calendario augustiado

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HomoLa autoría intelectual en la invención del almanaque o calendario todavía se disputa entre árabes, aztecas, chinos, griegos, incas, indios, mayas, persas, y por supuesto, romanos.

Dos, entre los más ilustres de estos últimos, Julio César (100-44 a. C.) y Octavio Augusto (63 a. C.- 14 d. C.), ganan la puja con sus reformas sobre el tiempo.

Hasta entonces, los romanos de regían por los años lunares, corregidos al intercalar algunos días en ciertos meses.

Tal desorden imperaba en el calendario que la diferencia con el año solar alcanzaba los dos meses.

Para corregir el desatino astronómico, aquellos dos, vale decir, Julio César y Octavio Augusto, añadieron dos meses al almanaque, bautizándolos con sus nombres (julio y agosto).

En lo adelante, el año solar tendría 365 días y 6 horas, y la suma de estas últimas, cada cuatro años, permitió incorporar un día más al mes de febrero.

No obstante, la medida tenía un ligero error por exceso que fue corregido en 1582 por el papa Gregorio XIII, quien, por supuesto, tenía su domicilio en Roma, y le añadió, de golpe y porrazo, diez días al calendario.

¡Un verdadero salto en el tiempo!

Lo cierto es que a lo largo del año juliano los romanos disfrutaban de muchos días feriados (se da por descontado que no beneficiaba a los esclavos), pero aquellos se quejaban del número concedido, estimado insuficiente (quizá tenían razón porque en aquel entonces no se acumulaba la tasa del 9,09 sobre los días laborados para las vacaciones anuales).

Los nuestros, los romanos tropicalizados, coinciden con el criterio de sus mayores.

El nuevo Código de Trabajo concede a los trabajadores, bajo una denominación u otra, un total de nueve días feriados, amén del día de receso laboral del Viernes Santo de cada año.

Muchos de ellos consideran que son pocos, adicionados los 52 domingos del año y  los 30 días naturales de las vacaciones anuales, y, con toda razón, el día de sus cumpleaños no van a trabajar, en justa compensación a los escasos días de asueto personal.

¡Pura reminiscencia romana!

Por: Arturo Manuel Arias Sánchez (Profesor de derecho)

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