Nuevos Hércules: Sus primeros malos pasos

MySpaceLinkedInPrintComparte más

HérculesDe atlética musculatura pero de obtusa intuición, espigado, arrogante, presumido, seductor (padecía del mal de Príapos) e irreverentemente atrevido, así calificaban sus admiradoras y adversarios al joven Hércules.

De vez en vez, golpeaba a sus compañeros de travesuras cuando estos se negaban a cumplir con sus mandatos, los aporreaba sin compasión alguna.

Falaz con las féminas, como lo fue su padre con la suya y tantas otras, aunque sin su poder metamorfósico, llevó al lecho a más de una doncella (para así aliviar su crónico padecimiento), atrapadas por su galanteo y belleza apolínea, y, concomitantemente, dejando tantos vástagos como cuentas puede tener un collar.

En estos ardores juveniles transitaban sus días, cuando en uno de ellos tuvo un problema mayúsculo que le dio un vuelco a su destino.

Amenazado de muerte por un iracundo padre de doncella burlada, desconocedor de su inmortalidad, si no se enfundaba en la túnica envenenada del centauro Neso, como hizo su mítico par, ya tan distante en el tiempo y en el espacio, no tuvo otra alternativa que abandonar a su madre y su tierra nativa y dar inicio así, a un merodeo esquivo por las coordenadas contenidas en latitud y longitud de la gran isla donde había residido toda su vida, en obediencia debida a la autoridad judicial que le imponía ciertos trabajos correccionales para expiar su pena.

Grandes aventuras y peripecias le aguardaban en su periplo insular.

Henchido su amplio pecho, emprendió un camino que lo llevaría por los cuatro puntos cardinales de la geografía insular donde aguardaban por él doce faenas prodigiosas, en remedo de aquél otro par de antaño.

Por: Arturo Manuel Arias Sánchez (Profesor de derecho)

 

Deja un comentario